Franquicias ESPIRITUALES

Me hubiera gustado escribir esta nota como si fuera un whatsapp con el anhelo de hacer masiva su difusión. Sin embargo, el espacio donde se publica ofrece otro marco y otras posibilidades. Por esto, elijo escribirla en formato carta, porque conserva el carácter de conversación íntima y directa entre mi lector y yo.
Mi padre siempre me dijo, “si no te han pedido un consejo, no lo des”. Frase que a menudo he sentido que encerraba mucha sabiduría. En esta situación, voy a poner por escrito un consejo que le daría a cualquier persona –en caso de que me lo permitiera– que esté en el camino de la búsqueda de sí mismo; a favor de la ética de mi profesión. Continuar leyéndome y cómo interpretes mis palabras será tu responsabilidad.
maniquisSobre mí, te cuento que me encuentro en el ejercicio de la psicoterapia. Faceta que, reconozco, inicié por propia búsqueda personal. Por eso, comparto mis pensamientos contigo, porque puede ser que estés librando tu propia batalla y no sepas ni qué enfrentar ni en dónde hacerlo.
Muchas personas, antes de nosotros, trabajaron muy duro para que la psicología fuese conocida como una ciencia. Doy las gracias a Wundt por su primer laboratorio en el que se observaba al ser humano, y a todos aquellos que le han proseguido, Freud, Jung, Maslow, Perls, etc. Mi admiración, para los ancestros de este gremio que se agrupan bajo la palabra psicología.
Muchos han sido los valientes que se han sentado; mejor dicho, nos hemos sentado frente a un terapeuta dispuestos a encontrarse y encontrarnos con nuestras heridas para dolerlas acompañados, para conocer más de nuestros actos como forma de transformación y superación del propio carácter y de la situación presente. Respeto por ellos, enhorabuena por nosotros.
Hasta llegar a este momento, el trayecto fue histórico, marcado por generar confianza en la eficacia y en los resultados que avalan la terapia como beneficiosa para el ser humano. En este camino de la psicología han nacido muchas ramas, cada una de ellas se integran en una teoría y enseñanza de técnicas que adquieren un sentido en la praxis de la profesión.
Paralelamente a la profesión del oficio de terapeuta, de manera confusa y vistiéndose con un traje que no le pertenece, surge la pseudopsicología; es decir, un disfraz de terapeuta. Todo el amplio campo de franquicias espirituales, y seguro que en sus tarjetas de publicidad a su nombre acompaña el titulillo de terapeuta en…
¿Tendría para los pacientes la misma repercusión si leyesen…? Experto en pseudopsicología, título obtenido por un curso que hice a través de internet con duración de un fin de semana.

Planteemos, entonces, la diferencia entre el terapeuta profesional y aquel titulado en terapeutilla en pseudopsicología. Con seguridad, el terapeuta con conocimientos teóricos, éticos y desarrollo personal apropiado comienza el oficio buscándose a sí mismo y al finalizar su formación sabe perfectamente que sí quiere dedicarse profesionalmente; pero, también, sabe cuál es el sentido que tiene que alguien pague por las sesiones, trabajas para ayudar al paciente y en beneficio de este.
En cambio, al terapeutilla que se licenció en un curso por internet de fin de semana no le dio tiempo de llegar a la lección donde se aprende que, en esta profesión, no se trata de tener pacientes en momentos sufrientes, solo para obtener el reconocimiento de “sabio”, “maestro”, “iluminado”. Nadie le dijo que la herida de su necesidad de ser reconocido, no se repara a través de las alabanzas de los pacientes, se sana a través de la propia terapia personal del terapeuta; y, no, porque tu paciente te considere especial. Se ha de atravesar en la historia propia, en tu contexto y en tu mundo. Tampoco le dio tiempo para aprender que los pacientes son “tus” pacientes, tus clientes. No son tu sustitutivo de familia, de amigos, y tampoco son personas a quienes seducir.
Por favor, a titulados en fin de semana, si de verdad tenéis vocación por el oficio, seguid estudiando y haced proceso. El camino no ha finalizado y lo que os espera es mucho mejor que ensayar con vuestros conocidos en eventos sociales, a veces, hasta sometiéndolos a que os escuchen.
A ti buscador, en tu proceso personal está tu terapeuta, sentado frente a ti. En ocasiones, te hará de espejo, pero este trabajo no puede ser hecho sin ti. Buscar, sufrir, atravesar la soledad, ninguna circunstancia te exime de la responsabilidad que tienes en la elección de a quién escojas para que te acompañe, porque sentir malestar no es sinónimo de perder el buen criterio que necesitas para elegir en manos de quién depositas tus asuntos más nobles.

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