La soledad no deseada y el aislamiento social precipitan la mortalidad

Recientes estudios revelan que ambos matan tanto como el alcoholismo o el tabaquismo

 

Prácticamente a diario, recibimos mensajes de prevención del tabaquismo informándonos de las gravísimas enfermedades que puede provocar y del índice de muertes que nos deja anualmente. Lo mismo sucede con otros hábitos como el alcoholismo. Lo que no se dice cuando recurrimos a expresiones como «el tabaco ya provoca más muertes que los accidentes de tráfico» es que hay otra problemática que también deja, año tras año, las mismas cifras escalofriantes que el alcoholismo o el tabaquismo: la soledad no deseada.

La soledad no deseada es un fantasma. No hace ruido ni llama a la puerta, más bien crece y se hace grande gracias a ese no llamar la atención. Pero es un factor de riesgo de mortalidad, tal y como vienen alertando los estudios desde hace tiempo.

Un problema de salud global


La soledad y el aislamiento social ya son considerados un problema de salud global e incluso una epidemia. Y es que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno a un 34% de las personas mayores de China, Europa, Estados Unidos y América Latina sufren esta situación.

 

Pero, dejando las cifras a parte, la soledad no deseada lo cierto es que genera un apercibimiento del aislamiento social capaz de «acortar la vida de las personas mayores y dañan su salud física y mental y su calidad de vida”, tal y como informa la OMS. De hecho, una investigación publicada en noviembre constataba, tras estudiar a más de 4.000 adultos mayores, que entre los pacientes sometidos a cirugías urgentes, la soledad se asoció con mayores probabilidades de muerte a los 30 días. “Los resultados sugieren que la soledad puede ser un determinante social importante de los resultados postoperatorios, en particular para la atención no electiva”, señalan los investigadores.

Una falta de compañía que mata y enferma


Tanto la soledad como el aislamiento social elevan el riesgo de muerte en un 26% y, además, agrava las dolencias. Seguramente, habréis oído hablar de casos de personas mayores que, tras enviudar o jubilarse, ven como se va deteriorando su salud poco a poco, hasta que llega la muerte. En muchos casos, forma parte del ciclo natural de la vida. Pero he de decir que la soledad no deseada y el aislamiento social provocan un efecto cascada que precipita el deterioro de la salud y la muerte.

En cuanto a la salud mental, hay evidencia de que disponer de redes sociales grandes y diversas y tener vínculos afectivos de calidad protegen contra la depresión. Asimismo, la soledad y la escasa participación social se asoció con más riesgo de demencia e, incluso, problemas del sueño. La soledad está vinculada, además, con malos hábitos de vida, como un mayor consumo de tabaco o alcohol en exceso, y estos comportamientos dañinos se exacerban, a su vez, si se está menos expuesto a conductas saludables o consejos de salud como resultado de menos contactos sociales.

Es importante abordar la soledad no deseada en los mayores, desde la perspectiva que nos ofrece la Psicología, soledad que ya no es exclusiva de este rango de edad. Asimismo esta intervención individual por parte de los profesionales debe ir acompañada de medidas a nivel comunitario como la implementación de programas Soledad Cero. La conexión social y el apoyo mutuo son fundamentales para contrarrestar los efectos negativos de la soledad no deseada y promover una vida saludable y plena.

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